jueves, 29 de noviembre de 2007

Los perros mal timbrados



Ahí podréis encontrar, donde se aloja,

un miedo oscuro y nuevo
que lo envuelve todo y
lo hace más grisáceo.

Los caminos se vueven todos iguales,
las distancias se miden
como un mosaico de horas y semanas,
como un campo de amapolas infinito,
cuando se piensa en muerte,
cuando se acierta la linde.

Y repetimos las frases
que una vez aprendimos,
pero ahora sin pensar
en su peso de palabras.
Y en un instante cualquiera
nos asedia la súbita certeza,
como una luz cegadora,
que nos afloja el ánimo y el instinto.

Muy poco más que perros
cuando ese sol de invierno
nos estremece y, perros,
nos meamos de frío.


3 comentarios:

Agnóstico Apático dijo...

¡guau, guau!...

Svor dijo...

que hay de los gatos?

mi despertar dijo...

No entiendo tu comentario de todos modos gracias por hacerlo